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Oasis

Nota en medios. Por Florencia Qualina

Publicación realizada en el marco del proyecto Dixit. Iniciativa desarrollada por ArteBa Fundación. Capítulo “Sobre huracanes y ruinas en el arte argentino contemporáneo” (extracto)

...Un hombre y un gato montés se divisan en un escudo quebrado en tres partes, las fracturas están cubiertas de dorado … las roturas no se ocultan, se embellecen piensa Débora Pierpaoli, quien practica una especie de Kintsugi [1]criollo sobre sus piezas cerámicas.

La cabeza es negra y abrillantada, tiene un molusco o una estrella de mar adosado a su perfil, junto a ella otra cabeza blanca y dorada cubierta parcialmente por una enredadera de flores, el conjunto se llama “La Virgen Loca”. Una serie de cascos broncíneos, pálidos, negros se alinean horizontalmente como un ejército de fantasmas mirando fijo al horizonte. Hay espadas, hachas, coronas, tiaras, un mapamundi y un globo terráqueo, también hay más cabezas que si no fuera por sus bigotes podríamos pensar en retratos de Nefertiti. Una enorme pintura de fondo rosa tiene dibujada una espada plateada, que también podría ser el contorno de un avión, la obra se llama “La madrugada”. Sabemos que el siglo XXI se inicia, no cuando el mundo esperaba el Y2K, sino en el momento en que dos aviones se estrellaron sobre el centro financiero del mundo en Nueva York; los aviones-espadas fueron la madrugada del milenio. El 2001 envió sus señales desde el cielo, en el norte sobre el World Trade Center, en el sur con un helicóptero huyendo de la Casa Rosada dejando detrás suyo muertos y un país destruido por el neoliberalismo.

            Sin embargo, las piezas que componen la serie titulada “La Edad del Hierro” -Fundación Klemm, 2015- forjan una alegoría de ecos medievales, desde y en una cultura visual que solo conoce esa iconografía a través de reproducciones en enciclopedias y fascículos como la Pinacoteca de los Genios, visitas esporádicas a museos de armas o eventualmente a museos como el Louvre, juguetes, video-juegos, series de televisión como Game of Thrones, películas sobre gladiadores, legionarios y cruzados.

Algunas cuadras separaban este corpus de otro conjunto de piezas cerámicas expuesto simultáneamente bajo el título “Ellos adentro esperan la fuga” -Fundación Osde-. Entre los animales dispuestos en las salas y la vitrina de museo de ciencias naturales, hallamos una cabra que descansa recostada en una de las hornacinas.

Una cabra blanca y dorada con una serenidad totémica, reverencial  que podemos pensar emparentada con  el carnero Aries, el primer signo del zodíaco. Masculino, ligado al fuego y regido por Marte el planeta asociado a la agresividad, la conquista, el dios de la guerra en la mitología romana.

Aries tiene también su correspondencia en el ariete, la máquina de guerra que en la antigüedad se empleaba para derribar los portales de las ciudades fortificadas y el en medioevo llevaba en su frente la forma de un carnero.

            Pierpaoli se apropia entonces de una constelación iconográfica bélica, masculina, arcaica y romantizada -también algo infantil y un poco bromista-, que se lleva en el cuerpo y activa sus herramientas de ataque/defensa por medio del uso de la fuerza física.

Todo el conjunto habla también de un tiempo histórico circular que puede transcurrir entre tres espacios: la excavación arqueológica, la reliquia y la pieza museística, tres espacios que definen el emplazamiento de los objetos históricos transformadas en reliquias laicas o religiosas.

Cada una de sus  figuras quebradas, reconstruidas o ilesas pero fragmentarias puede que sean encontradas en el futuro, en algún lugar, quizás enterradas, y quizá sean pensadas como emblemas de alguna forma de culto o resistencia de un lugar remoto y ya inexistente del hermisferio sur.

 

[1]   Kintsugi es una técnica japonesa de restauración de cerámicas y porcelanas rotas usando polvo de oro, plata o platino en las grietas y fracturas de la pieza.